En esta entrada del blog, voy a comentar brevemente uno de los casos de fraude científico más conocidos de la ciencia económica, el caso Reinhart-Rogoff.
Pero antes, un poco de contexto. Desde los años 80 en occidente, la política fiscal quedó en un segundo plano. Tras años de incrementos en el gasto público y de expansión de lo que se conoce como el estado del bienestar, las dos crisis del petróleo y su consecuente incremento de la inflación favorecieron un cambio político y económico que fomentó la adopción de políticas desreguladoras y el abandono de la política fiscal. El papel de los gobiernos en las economías desarrolladas debía reducirse, por lo que las empresas públicas se privatizaron, los impuestos se redujeron y desde entonces no han ocurrido grandes avances en cuanto a la provisión de servicios públicos por parte de los estados (por lo menos si lo comparamos con los avances que hubo tras la Segunda Guerra Mundial). El papel de los gobiernos debía consistir únicamente en mantener la inflación por debajo del 2%. En este contexto, algunas regiones decidieron ir un poco más allá y establecieron reglas y límites para la política fiscal. En el caso de la Unión Europea, el archiconocido Pacto de la Estabilidad y Crecimiento, que fijaba límites al déficit público y la deuda pública (3% y 60% del PIB, respectivamente).
Pero entonces, en septiembre del año 2008, una burbuja inmobiliaria y un balance lleno de activos de dudosa calidad llevaron a la quiebra a uno de los bancos "demasiado grandes para caer", Lehman Brothers, generando una crisis financiera en Estados Unidos que muy pronto se extendería al resto del mundo. En este contexto, los políticos tenían que tomar una decisiones en materia de política fiscal. Podían realizar políticas fiscales expansivas como incrementar el gasto público o reducir los impuestos para recuperar las economías, aunque esto supusiera un incremento importante de la deuda público, o seguir al pie de la letra reglas de política fiscal y realizar recortes para reducir los déficits generados por la crisis (durante las crisis los déficit se generan casi de forma automática dada la disminución de la recaudación impositiva y el aumento del gasto en subsidios de desempleo).
Aquí es dónde entran Reinhart y Rogoff. Muchos defensores del establecimiento de las reglas de política fiscal basaban (y basan a día de hoy) sus argumentos en las consecuencias negativas que podría tener la deuda pública sobre el crecimiento económico, y en aquellos años algunos políticos que estaban a favor de la implementación de políticas de austeridad citaron un trabajo sobre los efectos negativos que tiene el endeudamiento en el crecimiento económico, el conocido estudio de Reinhart y Rogoff.
Los acontecimientos que sucedieron son de sobra conocidos. La Unión Europea optó por la implementación de políticas de austeridad. Sus efectos fueron tan negativos y su implementación fue tan en contra del sentido común, que probablemente estas políticas puedan ser incluidas en la lista de las peores políticas económicas de la historia, junto a las sanciones económicas a Alemania tras la Primera Guerra Mundial, el Gran Salto Adelante o la Perestroika. Las economías que realizaron estas políticas profundizaron todavía más la recesión, tardando muchos más años en recuperarse, e hicieron pasar a muchas personas por un infierno que habría sido muy fácil de evitar. También creó un clima de desafección que favoreció el auge de la extrema derecha y la pérdida de credibilidad de las instituciones europeas.
Más tarde se descubriría que el trabajo de Reinhart y Rogoff contenía un gran número de errores metodológicos que contradecían sus resultados. Errores por no decir más bien manipulaciones que tenían la intención forzar la aparición de un resultado concreto. Esto hizo que muchos economistas que lanzaran al cuello de estos investigadores y que desde entonces este sea uno de los casos más típicos y recordados de fraude en la ciencia económica.
Aún así, en defensa de Reinhart y Rogoff diré que no era (ni es) el único trabajo que observaba una relación negativa entre deuda pública y bajo crecimiento económico, al igual que hay otros trabajos que observan una relación inversa. De hecho, en ese momento, los modelos económicos implementados por un gran número de economistas favorecía la llegada a conclusiones similares, algo de lo que hablé en la entrada anterior. Además, probablemente la influencia de ese estudio en los políticos fue muy limitada. De igual manera, también es importante decir que este tipo de prácticas fraudulentas no son precisamente extrañas en la ciencia económica y en la ciencia en general. En el caso particular de la Economía, se sabe que un gran número de estudios publicados tienen problemas de robustez y que ligeros cambios en las muestras y los datos pueden alterar completamente sus resultados. En la rama sobre la que estoy haciendo la tesis, que es la de la economía del comportamiento, existen también muchos problemas de reproducibilidad y un gran sesgo de publicación en el que sólo se publican los resultados positivos de los experimentos.
En conclusión, el caso de Reinhart y Rogoff, aunque es considerado como un caso típico de fraude científica en la Economía, especialmente por el momento en el que ocurrió, probablemente sea la consecuencia de un problema mucho más generalizado en la ciencia económica y en la ciencia en general.
Interesantísimo caso!! Está bien que seas consciente de lo problemático que es tu campo... se entiende que para no caer en esos problemas, claro ;-)
ResponderBorrar