miércoles, 27 de marzo de 2024

CST Y PATENTES

    A continuación voy a exponer algunas ideas que me han parecido interesantes del tema 4 del curso.

    En primer lugar, del tema del CST y la relación existente entre la ciencia, la tecnología y la sociedad/empresa, me quedo con una idea mencionada en el texto de Ángel Pestaña que me ha hecho reflexionar. En concreto, a la idea de que en España estamos bien situados en cuanto a la investigación pero no en lo que tiene que ver con el desarrollo tecnológico. 

    El texto es un poco antiguo, y creo que actualmente la situación de los investigadores es muy precaria por la falta de financiación y su difícil acceso, por lo que igual España ya no está tan bien situada en ese aspecto, pero en general sí que creo que uno de los problemas principales de la ciencia en España es que esta no consigue grandes aplicaciones innovadoras. 

    La causa de este problema, bajo mi punto de vista no recae en los propios investigadores o en las instituciones dedicadas a la investigación, si no en el sector productivo, que no es capaz de absorber el talento y las inversiones en I+D. El problema de España en este caso puede que sea su situación en las cadenas globales de valor, situación que condena al país a especializarse en el sector servicios y en la fabricación de productos que no requieren grandes procesos de innovación. Este problema también podría extrapolarse al campo de la educación, ya que España es uno de los países de la UE con mayor tasa de sobre cualificación (el sector productivo es incapaz de absorber titulados).

    Esta situación es muy difícil de cambiar ya que requeriría cambiar la estructura productiva del país, lo que requiere ingentes cantidades de dinero y también bastante tiempo. Además, el entorno no es favorable a ello, ya que actualmente es impensable que instituciones como la Unión Europea apoyen este tipo de políticas, ya que irían en contra de los intereses de los países del norte (los que actualmente poseen los procesos productivos más innovadores en la UE). 

    En segundo lugar, sobre el tema de las patentes, los diferentes textos y vídeos me han dado mucho con lo que reflexionar. Por lo general tiendo a pensar que las patentes son algo necesarias en el modo de producción capitalista, ya que permiten romper con la competencia y generar ganancias extraordinarias que les permiten invertir en sus procesos productivos, innovar y crecer. A su vez, es probable que sin esas ganancias extraordinarias, el sector privado no invertiría en innovación tecnológico o lo harían mucho menos. Es decir, aunque seguramente una innovación tecnológica podría ser mucho más beneficiosa para la sociedad si no existieran patentes, ya que todo el mundo se puede beneficiar de ella, en nuestra sociedad capitalista, muy pocas empresas tendrían incentivos a innovar e investigar sin ellas, por lo que estas innovaciones no ocurrirían o lo harían con menos frecuencia. 

    Pero al mismo tiempo pienso que quizá este tipo de argumentos sobrevaloran el valor de las patentes y que quizá su tiempo sea excesivo. Además, existen muchos casos de patentes excesivamente prohibitivas que dificultan mucho los avances tecnológicos como en el caso de los genes. También pienso que sí que podrían existir innovaciones tecnológicas sin patentes, principalmente, por la diferencia que existe entre el propietario de la patente y la persona que ha generado la innovación. Se suele argumentar que sin patentes no se realizarían innovaciones porque nadie investigaría si no se fuera beneficiar del resultado de sus investigaciones, pero la realidad es que la gran mayoría de patentes son propiedad de empresas que tienen investigadores en sus plantillas. Esto significa que probablemente el único incentivo que tenía el descubridor de la innovación patentada era su salario , y que los beneficios de la patente no han ido directamente al investigador, si no a los dueños de la empresa que tenían a ese investigador en su plantilla. 

martes, 19 de marzo de 2024

Fraude científico en economía: el caso Reinhart-Rogoff

     En esta entrada del blog, voy a comentar brevemente uno de los casos de fraude científico más conocidos de la ciencia económica, el caso Reinhart-Rogoff. 

    Pero antes, un poco de contexto. Desde los años 80 en occidente, la política fiscal quedó en un segundo plano. Tras años de incrementos en el gasto público y de expansión de lo que se conoce como el estado del bienestar, las dos crisis del petróleo y su consecuente incremento de la inflación favorecieron un cambio político y económico que fomentó la adopción de políticas desreguladoras y el abandono de la política fiscal. El papel de los gobiernos en las economías desarrolladas debía reducirse, por lo que las empresas públicas se privatizaron, los impuestos se redujeron y desde entonces no han ocurrido grandes avances en cuanto a la provisión de servicios públicos por parte de los estados (por lo menos si lo comparamos con los avances que hubo tras la Segunda Guerra Mundial). El papel de los gobiernos debía consistir únicamente en mantener la inflación por debajo del 2%. En este contexto, algunas regiones decidieron ir un poco más allá y establecieron reglas y límites para la política fiscal. En el caso de la Unión Europea, el archiconocido Pacto de la Estabilidad y Crecimiento, que fijaba límites al déficit público y la deuda pública (3% y 60% del PIB, respectivamente).

    Pero entonces, en septiembre del año 2008, una burbuja inmobiliaria y un balance lleno de activos de dudosa calidad llevaron a la quiebra a uno de los bancos "demasiado grandes para caer", Lehman Brothers, generando una crisis financiera en Estados Unidos que muy pronto se extendería al resto del mundo. En este contexto, los políticos tenían que tomar una decisiones en materia de política fiscal. Podían realizar políticas fiscales expansivas como incrementar el gasto público o reducir los impuestos para recuperar las economías, aunque esto supusiera un incremento importante de la deuda público, o seguir al pie de la letra reglas de política fiscal y realizar recortes para reducir los déficits generados por la crisis (durante las crisis los déficit se generan casi de forma automática dada la disminución de la recaudación impositiva y el aumento del gasto en subsidios de desempleo).

    Aquí es dónde entran Reinhart y Rogoff. Muchos defensores del establecimiento de las reglas de política fiscal basaban (y basan a día de hoy) sus argumentos en las consecuencias negativas que podría tener la deuda pública sobre el crecimiento económico, y en aquellos años algunos políticos que estaban a favor de la implementación de políticas de austeridad citaron un trabajo sobre los efectos negativos que tiene el endeudamiento en el crecimiento económico, el conocido estudio de Reinhart y Rogoff.

    Los acontecimientos que sucedieron son de sobra conocidos. La Unión Europea optó por la implementación de políticas de austeridad. Sus efectos fueron tan negativos y su implementación fue tan en contra del sentido común, que probablemente estas políticas puedan ser incluidas en la lista de las peores políticas económicas de la historia, junto a las sanciones económicas a Alemania tras la Primera Guerra Mundial, el Gran Salto Adelante o la Perestroika. Las economías que realizaron estas políticas profundizaron todavía más la recesión, tardando muchos más años en recuperarse, e hicieron pasar a  muchas personas por un infierno que habría sido muy fácil de evitar. También creó un clima de desafección que favoreció el auge de la extrema derecha y la pérdida de credibilidad de las instituciones europeas. 

    Más tarde se descubriría que el trabajo de Reinhart y Rogoff contenía un gran número de errores metodológicos que contradecían sus resultados. Errores por no decir más bien manipulaciones que tenían la intención forzar la aparición de un resultado concreto. Esto hizo que muchos economistas que lanzaran al cuello de estos investigadores y que desde entonces este sea uno de los casos más típicos y recordados de fraude en la ciencia económica. 

    Aún así, en defensa de Reinhart y Rogoff diré que no era (ni es) el único trabajo que observaba una relación negativa entre deuda pública y bajo crecimiento económico, al igual que hay otros trabajos que observan una relación inversa. De hecho, en ese momento, los modelos económicos implementados por un gran número de economistas favorecía la llegada a conclusiones similares, algo de lo que hablé en la entrada anterior. Además, probablemente la influencia de ese estudio en los políticos fue muy limitada. De igual manera, también es importante decir que este tipo de prácticas fraudulentas no son precisamente extrañas en la ciencia económica y en la ciencia en general. En el caso particular de la Economía, se sabe que un gran número de estudios publicados tienen problemas de robustez y que ligeros cambios en las muestras y los datos pueden alterar completamente sus resultados. En la rama sobre la que estoy haciendo la tesis, que es la de la economía del comportamiento, existen también muchos problemas de reproducibilidad y un gran sesgo de publicación en el que sólo se publican los resultados positivos de los experimentos.

    En conclusión, el caso de Reinhart y Rogoff, aunque es considerado como un caso típico de fraude científica en la Economía, especialmente por el momento en el que ocurrió, probablemente sea la consecuencia de un problema mucho más generalizado en la ciencia económica y en la ciencia en general.

lunes, 11 de marzo de 2024

Paradigmas en la ciencia económica: La síntesis neoclásica y la nueva síntesis neoclásica

     En su obra The Structure of Scientific Revolutions Thomas Kuhn afirmó que en las disciplinas científicas, existe una suerte de ciclo en el que cada cierto tiempo aparecen teorías o evidencias que contradicen el paradigma existente de esa disciplina generando una crisis y desembocando en un cambio de paradigma que incluye los conocimientos del paradigma anterior más las nuevas explicaciones. Aunque las afirmaciones de Kuhn fueron criticadas por parte de algunos científicos y filósofos de la ciencia, yo personalmente considero que este ciclo puede observarse en la ciencia económica, aunque no tengo tan claro eso de que los nuevos paradigmas tengan porque suponer siempre un avance. A continuación, voy a comentar muy por encima los últimos paradigmas de la ciencia económica.

    El primer cambio de paradigma del que voy a hablar es el conocido cómo síntesis neoclásica o neo-keynesiana, que tuvo lugar durante los años 40s y 50s del siglo pasado, y que dominó la ciencia económica hasta los años 80s. 

    Antes de este cambio de paradigma, la ciencia económica estaba dominada por las teorías neoclásicas elaboradas a finales del siglo XIX y principios del XX por autores como Alfred Marshall, Léon Wallras y  William Jevons entre otros. Estas teorías se basaban en supuestos teóricos como la competencia perfecta (mercados competitivos sin monopolios/oligopolios que permitan la fijación de precios) o la existencia de rendimientos decrecientes (cada unidad de factor trabajo o capital añadida a una función de producción reduce su productividad marginal). El resultado de estas teorías era que el libre mercado tiene cómo consecuencia una asignación eficiente de los recursos (que maximiza los beneficios de los individuos de la sociedad o minimiza sus costes).

    A partir de los años 30s, después de la Gran Depresión, algunos de los supuestos de la teoría neoclásica empezaron a ser cuestionados en base a las afirmaciones de John Maynard Keynes en su obra Teoría General del empleo, el interés y el dinero. En esta obra, Keynes afirmaba que muchos de los supuestos sobre los que se sustentaba la economía neoclásica no eran realistas y que los mercados tiene imperfecciones que generan los ciclos económicos y por tanto las recesiones. Además, su teoría sostenía que la intervención estatal podía ayudar a recuperar los niveles de inversión previos tras una recesión.

    Cómo respuesta a las afirmaciones de Keynes en los años 40s y 50s se llegó a la síntesis neoclásica o neo-keynesiana, que mantenía los fundamentos neoclásicos pero que daba algo de margen a las ideas keynesianas, permitiendo al Estado tener un papel estabilizador en la economía durante en el corto plazo.

    Como respuesta a este paradigma, surgieron diferentes corrientes como los Post-Keynesianos, que defendían que la síntesis no reflejaba  verdaderamente las ideas de Keynes (sus críticas a muchos de los supuestos neoclásicos se habían ignorado y se relegaban sus ideas únicamente al corto plazo) y los "nuevos clásicos" que criticaron el papel del Estado en la economía y defendían que las intervenciones estatales no tenían efecto ni siquiera en el corto plazo (los agentes económicos poseen expectativas racionales y son capaces de predecir los efectos de la intervención estatal y actuar en consecuencia, anulando su efecto). También aparecieron los "nuevos keynesianos" que incluyeron en sus teoría las expectativas racionales pero mantuvieron supuestos keynesianos como la competencia imperfecta o la rigidez de precios y salarios.

    Finalmente, se llegó a lo que se conoce como nueva síntesis neoclásica en la que se adoptaban las ideas de los nuevos clásicos y el Estado dejaba de tener un papel importante como estabilizador en la economía, pero se aceptaban algunos supuestos de los nuevos keynesianos como la competencia imperfecta y la rigidez de precios y salarios. Las ideas Post-Keynesianas, aunque en muchos casos no consiguieron ser rebatidas, fueron prácticamente ignoradas. 

    En la actualidad, se podría considerar que la ciencia económica está en crisis, puesto que el consenso creado entorno a la nueva síntesis neoclásica esta roto desde la Gran Recesión (crisis financiera del 2008). Ideas cómo que la intervención estatal no es útil para recuperar a una economía de una recesión son muy difíciles de sostener tras la crisis del 2008, y las respuestas en materia de política económica de las diferentes regiones. Por ejemplo, en muchos países de Europa, la respuesta a la crisis consistió en políticas de austeridad que alargaron  y profundizaron la crisis, mientras que Estados Unidos, que realizó políticas fiscales expansivas (de corte keynesiano, se podría decir) se recuperó en mucho menos tiempo. A su vez, la rapidez con la que ambas regiones se han recuperado de la crisis económica generada por el COVID gracias en parte a políticas fiscales fuertemente expansivas, han terminado por minar todavía más la credibilidad de la nueva síntesis.

    El  futuro es incierto y la respuesta de un gran número de economistas a la ruptura del consenso ha sido o ignorar los problemas teóricos o el abandono del estudio de las cuestiones teóricas y el centrarse en los apartados más prácticos y aplicados de la economía.

El valor social de la ciencia

 

    En la sesión inaugural del ABAI II discutimos en grupos acerca del papel social de la ciencia, de las diferentes disciplinas científicas y de nuestras tesis en particular. A continuación, voy a exponer algunas de las ideas que comentamos.

    Gran parte de las discusiones que tuvo nuestro grupo fue acerca de la relación que tienen las investigaciones con la rentabilidad de las empresas o la disminución de costes para el Estado. Aunque el grupo en general sí que pensaba que las investigaciones científicas aportan un valor social de por sí, ya sirven para mejorar la vida de las personas en diferentes ámbitos, el grupo llegó a la conclusión de que en la mayoría de ocasiones el Estado o el sector privado financiaban proyectos de investigación con la intención de reducir costes o aumentar sus ingresos. La mayoría del grupo investiga acerca de la renovables y de la eficiencia en la provisión de servicios de salud, y concluían que aunque esas investigaciones generan un valor social tanto en salud de la personas cómo en la lucha contra el cambio climático, posiblemente gran parte de la razón que llevaba al Estado a financiar esos proyectos de investigación y no otros era porque le venía bien a este financieramente.

    En mi opinión, aunque puede que este argumento sea algo reduccionista, es cierto que el Estado destina muy pocos recursos a la investigación científica, y que además, en muchas ocasiones hay que justificar el recibimiento de estas ayudas a la investigación con mejoras en la eficiencia de la administración, menores costes, mayor rentabilidad de las empresas. Aún así, esto no implica que estas investigaciones no aporten otros tipos de valor social, aunque estos no sean la razón principal por la que las investigaciones se realizan en un mundo donde las relaciones mercantiles son predominantes y los recursos dedicados a la ciencia tienen que estar justificados por el beneficio de estas.

    También hablamos del valor social de las diferentes disciplinas de los distintos miembros del grupo. En mi caso, el de la Economía, comenté que aportaba un valor social relacionado con el conocimiento sobre el funcionamiento de la economía (entendida como la organización y distribución de la producción en una sociedad) y con la evaluación de los efectos de diferentes políticas públicas. También hablé de muchos problemas que tiene esta disciplina en particular y que limitan mucho capacidad para incrementar su valor social. Por ejemplo, hablé sobre la abundancia de malas prácticas como la irreproducibilidad, la falta de robustez de mucho trabajos, en alto sesgo de publicación de algunas de sus ramas. Otro problema de la Economía, que comentamos tanto yo como mi hermano era que considerábamos que lo que la distinción que se realiza entre las diferentes ciencias sociales es arbitraria y no tiene ningún sentido.

    Las otras disciplinas eran la estadística aplicada y la música. En el caso de la estadística aplicada, los miembros del grupo comentaron que aportaba un valor relacionada con la creación de herramientas para la mejora de la eficiencia en diferentes campos. En el caso comentaba de la música, comentó que servía para mejorar la creatividad y capacidad de sus alumnos. 

CST Y PATENTES

     A continuación voy a exponer algunas ideas que me han parecido interesantes del tema 4 del curso.     En primer lugar, del tema del CST...